Suicidio. La puerta falsa o “el sublime valor de los vencidos”, según Guy de Mauppasant

IMA 2

IMA 3 Psicólogo Víctor Mazun Cen

IMA 4 Psiq Soledad Ruiz Canaán

IMA Ing. José Manuel Alamilla Moen

IMA Yukio Mishima

IMA El inmarcesible poeta Goethe

IMA 1

IMÁGENES(de abajo hacia arriba)
– Ratas. No tan salvajes como la especie humana
– El inmarcesible poeta Goethe
– Yukio Mishima. Corazón, cerebro y muchos h…
– Manuel Alamilla Moen
– Soledad Ruiz Canaán
– Víctor Mazun Cen
– Verónica Meza (en la foto de hasta arriba)

Todos son del SubCentro C4, con sede en Cancún

Por Eduardo Suárez

De acuerdo con lo que postulan los psicólogos, en el reino animal, con excepción de las ratas, sólo los seres humanos son capaces de agredir a sus semejantes por motivos que no tienen que ver con sus necesidades inmediatas de comida o supervivencia. Pero los roedores actúan así únicamente en casos extremos; por ejemplo, a consecuencia de la sobrepoblación en sus madrigueras, donde la lucha por la alimentación se torna encarnizada y la agresividad tamiza su convivencia.

El statu quo impuesto por la voracidad de los hombres es otra cosa. Se mata porque la muerte es negocio y se recurre cada vez más a la violencia, en ocasiones simplemente por placer. Esto orilla a individuos y grupos sociales a tratar de “escapar de este mundo”; no sólo a los de espíritu frágil (¡!) sino, aunque se oiga paradójico, hasta a hombres y mujeres de enorme entereza moral.

Pero “lo hacen por la puerta falsa —dice Verónica Meza—: el suicidio”, toda vez que (según imaginan las víctimas) ellas y ellos son nada frente a su destino o, sencillamente, piensan que solos no pueden transformar la realidad.

279 arrebatados a la muerte. Verónica Meza Chávez (VMCh) es experta en la planeación, coordinación y evaluación de equipos de profesionales especializados en el manejo de grupos humanos e individuos que atraviesan por situaciones tan extremas como para orillarlos al suicidio.

Sonríe cuando se le comenta el asombro que produce el descubrir, en medio de los dispositivos que el Estado crea para mantener incólume el esquema de dominación imperante, algo que presuntamente (como diría un reporte policíaco) nada tiene que ver con la represión sino con la defensa de la vida y, tal vez, incluso con la felicidad.

—¿Qué es el «C4 Cancún» y qué servicios presta a este municipio?

A pesar de su juventud, puesto que —si acaso— ronda los 30 años de edad, VMCh responde con el conocimiento conferido por siete años de ejercicio profesional en instituciones como el INEME-Cisame y otros dos años y medio de experiencia como directora auxiliar del «Subcentro C4 – Cancún».

Dice que C4 es el nombre en breve del Centro de Comunicación, Cómputo y Comando de la Secretaría de Seguridad Pública del estado, cuyo Subcentro en Cancún fue creado (finales de noviembre de 2001) “para satisfacer las necesidades crecientes de seguridad y apoyo” manifestadas por la población del municipio.

El Subcentro de Benito Juárez cuenta con el famoso número «066» que, “a diferencia de lo que la ciudadanía en general presupone, no es nada más el teléfono de la Policía sino un servicio completo de atención de llamadas telefónicas para urgencias. Un mecanismo de auxilio a los cancunenses que demanden el apoyo de cualquiera de las instituciones y corporaciones de seguridad pública: Protección Civil, Policía, Cruz Roja o Cuerpo de Bomberos”.

—¿Qué significa «Cisame»?

—Es el Centro Integral de Salud Mental. Se trata de una institución de atención (psicológica) ambulatoria que ha puesto su énfasis particular en las actividades de promoción, diagnóstico temprano, tratamiento oportuno y rehabilitación de niños, adolescentes, adultos y adultos mayores.

—En 2013, Cancún ya se acerca a la cifra de 60 suicidas; además, aún no termina el año. ¿En el Subcentro C4 tienen idea, aunque sea aproximadamente, de la cantidad de suicidas en potencia a los que han logrado persuadir?

—Atendemos a la población que se halla en medio de situaciones extremas de crisis, depresión o ideación suicida. En lo que va de este año, el Servicio de Emergencias «066» ha prestado más de 111 apoyos psicológicos…

“Pero”, revira la entrevistada, “¿para qué devanarse los sesos tratando de ‘hacer las cuentas’ y comparando la cantidad de gente que se ha salvado (clamando ayuda al través del teléfono número 066 del C4), por cada una de las cincuenta y tantas almas de desesperados que lamentablemente este año alcanzaron, en Cancún, sus objetivos suicidas?”

Llama a su lado al psicólogo Víctor Mazun Cen. Éste refiere que, en 2013, el Subcentro C4, a través de la Línea de Emergencias (el teléfono número 066) atendió con oportunidad “168 casos en los cuales las personas ya habían atentado contra su vida”, y que “por las condiciones de salud en las que se encontraban requirieron de una atención médica inmediata”.

Asegura que esos casos se canalizaron luego hacia diferentes instituciones de salud como el DIF o el Cisame, Cadac o Cedac, y que una vez que las personas en crisis lograron superar dicho estado, se les recomendó acudir a terapia.

—Si un hombre o una mujer, habiendo recibido atención de nuestra parte, se encuentra estable y en condiciones de acudir por voluntad propia a una consulta psicológica, se le da información de las instancias que prestan esos servicios. Pero en caso de que la persona atraviese por un estado emocional crítico —subraya el psicólogo Mazun—, nosotros se la transferimos de inmediato a un psicólogo del Subcentro C4 o, si se requiere, a un psicólogo voluntario, quienes se encargan de atenderla a través de la línea de emergencia 066”.

—¿Y la gente sigue esas recomendaciones?

—¡!

La “globalidad”, descompuesta. Cuando Soledad Ruiz Canaán aborda el tema de la fibromialgia, sabe bien de lo que está hablando. Al viejo que tiene enfrente le sugiere que no se deje sumir en la preocupación. Que, en efecto, es por la edad, pero que trate de no empeorar el síndrome porque “ya de por síla globalización ya de por sí nos ha venido a hacer la «vida de cuadros» y no merece la pena complicárnosla todavía más.

Se dice simple pero aplicarlo a la realidad es andar cuesta arriba, siendo que ya va uno para abajo.

Y el fundamento lo da la propia doctora en psiquiatría:

—Como en los países que se hallan en guerra —ejemplifica—, en México están aumentando los casos de estrés postraumático. Los expertos no se ponen de acuerdo en cuanto al grado alcanzado, pero todos los porcentajes que manejan son desmesurados. Esto no lo habíamos visto en México desde hace décadas… muchas décadas —agrega enfática, y después subraya:

“Por efecto de la violencia inherente al establishment, México y la sociedad global se han convertido en sociedades altamente depresivas. No me refiero a la depresión individual —aclara—, que entre nosotros también ha ido aumentando de manera muy preocupante, sino a la depresión congénita a un sistema injusto que para mantenerse recurre a la violencia y a la deshumanización de nuestra especie porque el mercado de trabajo únicamente demanda robots, no personas que piensen y actúen en libertad y con criterio propio.

“Para todos sólo hay el salario del miedo —sentencia—. El miedo a perder la chamba o la única posibilidad de conservarla a cambio de ir perdiendo gradualmente hasta la última pizca de dignidad.

“Por eso —concluye— vemos más casos de estrés postraumático, de trastornos del sueño, de conductas como el bullying (que nos dicen que la violencia en grado superlativo ya también ha sentado sus reales entre los niños), del aumento inusitado de los casos de suicidio (principalmente entre los adolescentes, sensibles sobre todo a la falta de expectativas de realización para sus vidas y a la inmoralidad de la sociedad que los rodea), y al incremento en el consumo de enervantes (particularmente, asimismo, entre los menores de edad).”

Estética y sublimación. El 25 de noviembre de 1970, tras haber enviado a su editor el manuscrito del último tomo de su saga Sociedad del Escudo, el poeta, dramaturgo y novelista japonés de 45 años de edad, Mishima Yukio, irrumpió en el Cuartel de la Región Oriente de las Fuerzas de Autodefensa (el ejército regular de su país) y cumplió con meticulosidad el ritual del Sepukku o Hara-kiri.

El seppuku es una parte clave del bushido (código de los antiguos guerreros de Japón). Antes de acometerlo, el sujeto o protagonista principal bebe sake y compone un poema de despedida. Se coloca de rodillas y hunde una espada corta (wakizashi o tanto) por el lado izquierdo de su vientre; continúa el corte hacia la derecha, vuelve al centro y efectúa un giro para ascender en la trayectoria del corte hasta el esternón.

Y mientras este hombre lleva a cabo el seppuku en su propia persona, un compañero o kaishaku se mantiene de pie —ligeramente atrás pero a su lado— con el fin de cortarle la cabeza si es que así lo habían acordado o si ve que el protagonista principal sufre “de más”.

Así fue aquello. Yukio Mishima (su nombre real era Hiraoka Kimitake) había dejado en claro que para él “no merece la pena vivir si esto ha de hacerse sobre la base de tener que dirigir la vista hacia otra parte cada vez que se es testigo de una acción abusiva, ergo inmoral, por insignificante que ésta pueda a uno parecerle”.

El fenómeno Werther. De acuerdo con lo que explica a Luces del Siglo el ingeniero José Manuel Alamilla Moen, coordinador del «Servicio de Atención a Llamadas de Emergencias 066», éste actualmente es proporcionado por el C4 y sus subsedes en las ciudades de Chetumal, Cancún, Playa del Carmen y Cozumel.

Asegura que en Benito Juárez (Subcentro C4 – Cancún) disponen de un equipo telefónico moderno capaz de recibir hasta dos docenas de llamadas simultáneas, a cargo de 22 operadores en dos turnos de 12 horas cada uno, más el doble de despachadores y dos supervisores.

Alamilla Moen y la comunicóloga Jacqueline Pérez Zúñiga, que trabajan con sus dos áreas en coordinación para ampliar la oferta de servicios del Subcentro C4 y obtener un mejor aprovechamiento de los medio y el uso de la Internet, hacen hincapié en las “dificultades” que sortearon para hacer realidad esta entrevista:

“No provinieron de prejuicios personales ni de una prohibición institucional —según explican éste y la responsable de Comunicación Social, Jacqueline Pérez, con Verónica Meza como testigo— sino de la deontología” de la labor que realizan. Y “sobre todo, del temor al «fenómeno Werther»”.

La novela intitulada Desventuras del joven Werther, escrita por Goethe, fue el primer gran triunfo de este escritor alemán. Lo convirtió —de la noche a la mañana— de un desconocido a un autor célebre.

Pero la obra dio origen al «fenómeno Werther» o «fiebre de Werther». La muchachada europea comenzó a vestirse con ropa semejante a la del protagonista creado por Goethe en su novela: Werther, un joven suicida, y también tuvo consecuencias en los primeros ejemplos conocidos de suicidio mímico, aparentemente provocando el suicidio de unos dos mil lectores.

Desde ese entonces la «fiebre de Werther» ha sido causa de preocupación para otros escritores interesados en los temas conectados con extremos existenciales tan supremos como el hecho de quitarse la vida, y —en el caso que aquí ocupa— para el personal a cargo del Subcentro C4 – Cancún, cuya directora auxiliar hace hincapié en su petición de no publicar en este semanario textos o fotos que pudiesen estimular, en lugar de desalentar, a suicidas potenciales.

Un punto adicional llama poderosamente la atención de Luces del Siglo, y ese punto de interés es que la comunicóloga Jacqueline Pérez Zúñiga ha diversificado las tareas tradicionales de las oficinas de información y propaganda gubernamentales, llamadas “de comunicación social”:

En vez de limitarse a atender-y-soportar-periodistas y distribuir boletines de prensa previamente redactados por el personal adscrito a su área, Pérez Zúñiga mantiene un enlace constante con el público que “requiere orientación especial, al través de las redes sociales, en situaciones límite”.

La especialista enseña al reportero un par de muestras de esa labor: son transcripciones de diálogos de minutos y hasta horas entre el personal del C4 y las “almas de los desesperados” a las que se refería antes la directora auxiliar Verónica Meza es impresionante y aun sobrecogedora, pero demasiado larga para poder ser incluidas en este espacio.

Antes de que concluya la conversación, el psicólogo Víctor Mazun informa que el personal de operación y sus colegas continuamente son capacitados y asistidos por especialistas de prestigio.

Menciona a Enrique Avilés, Evelyn Parra, Marisol Valado y Celina Izquierdo, entre otros posgraduados universitarios), quienes les proporcionan las herramientas (psicológicas) para guiar a quienes los llaman para que descubran las causas de su estado (anímico) y alternativas para solucionar su situación.

—Durante la comunicación que se sostiene con el informante —relata Mazun Cen—, se le hace sentir acompañado. No se le juzga ni se le dan consejos pero se le escucha atentamente y, sobre todo, procuramos imbuirle la convicción de que no está solo.

“Para asegurar la prestación de un servicio integral y evaluar la eficiencia del mismo —enumera—, se efectúa un seguimiento al proceso de atención del reporte desde el momento en que es tomada la llamada telefónica por el operador hasta el instante en que la institución o corporación correspondiente se hace cargo de la urgencia.

Todo este proceso es registrado, rastreado y evaluado —afirma—, y todas las llamadas las reciben operadores que cuentan con la capacitación esencial para identificar el nivel de depresión o riesgo suicida”.

El “punto de quiebre”. La revista oficial de la American Association of Suicidology está empeñada en conocer “los motivos de hoy” de las personas que intentan suicidarse porque “las diferentes motivaciones requieren también diferentes tratamientos e intervenciones”.

El profesor David Klonsky, psicólogo de la University of British Columbia, refiere en la publicación mencionada que un grupo de investigadores sometió a estudio 120 casos de intentos de suicidio y “descubrió que éstos rara vez se deben a actos impulsivos, a modos de pedir ayuda o llamar la atención o a la existencia de un problema práctico.

“Por el contrario —postula—, los motivos principales fueron la desesperación y un dolor emocional insoportable.”

En el entorno cancunense, Verónica Meza Chávez tiene un punto de vista más atendible:

“Hay un estudio que define a Cancún como un lugar muy triste para vivir”, rememora y sugiere que “al menos para quienes venimos de otros lugares (ajenos a Quintana Roo y a la península)”, factores como “el estar solos o la índole de nuestro trabajo aquí (generalmente en la indefensión de la informalidad) nos deprime sobremanera. Y no todos podemos resistir la depresión sin resquebrajarnos”, señala.

Todos culpan a esas personas a las que —se le plantea a VMCh— “les hacen falta habilidades sociales”. Sin embargo, más allá de dirimir si es justo o no el statu quo, ella invita a reflexionar en torno a estereotipos como «en Cancún tenemos más suicidios que ejecuciones», que es portador de una connotación negativa.

Y estima que, “efectivamente, la mayoría de quienes piensan y emprenden los primeros pasos para suicidarse no lo hacen porque en realidad quieran hacerlo sino porque desean poner término al dolor que sienten”.

A Verónica Meza se le inquiere entre qué franjas de la sociedad se ubican los mayores índices de suicidios y de intentos de suicidio. “El pobre puede ser feliz y el rico no —responde—. Sin embargo —reconoce—, el suicidio se da más en los niveles medio y bajo. Lo intentan más las mujeres pero lo logran con mayor frecuencia los hombres”.

Después indica: “Muchos jóvenes que trabajan en hoteles clase gran turismo o diamante o en otros sitios también maravillosos se topan con los tremendos contrastes que se alzan entre esos lujos y su propia realidad, seguramente sin expectativas de cambio.

“Debido a eso se sumergen en el alcohol. Se consideran a sí mismos como atrapados y franquean otras puertas falsas. Hace presa de ellos la frustración, la impotencia, la pobreza y la soledad. Las drogas actúan como detonantes de la depresión y ésta los conduce al suicidio.

“En el momento en que ya no me puedo controlar ni para dormir ni para no dormir, cuando ya no puedo controlar mis emociones, mi tristeza, allí se ubica el punto de quiebre.

“Pero a través del C4 —prosigue— hay talleres que ofrecen esas habilidades sociales de las que usted habla, que ayudan para resistir con éxito los tristes panoramas. Allí se les enseña a los jóvenes, y también a los viejos, que hay cosas esenciales y cosas que no son esenciales para vivir.

“Porque el dilema no estriba tanto en que si «tengo o no tengo» sino en lo que cada quien trae dentro de sí mismo para vivir (feliz)”, supone.

INFOGRAFÍA

El suicidio en México y en Cancún, ahora

Cada 24 horas se suicidan en México 16 jóvenes, reveló recientemente el portal web SinEmbargo (http://www.sinembargo.mx/08-09-2013/746360).

El mismo sitio, que cita como fuente la Gaceta del Senado, añade que “en las tres últimas décadas la tasa de suicidios en México se cuadruplicó, al pasar de dos por cada 100 mil habitantes a 7.6 en 2011, según las últimas cifras disponibles”.

Por su lado, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) indica que:
• Los suicidios en México en el año 2011 alcanzaron la cifra de 5 mil 190: 4 mil 201 varones y 989 mujeres; la mayoría prefirió quitarse la vida el mes de mayo, la minoría, en febrero
• por cada una de las personas que consigue suicidarse sufren afectaciones otros seis hombres o mujeres cercanos
• el suicidio es más común entre los hombres casados (concentraron 48 por ciento de los casos), pero sucede lo inverso entre las mujeres porque las solteras representan 50 por ciento del total de las suicidas
• las mujeres que han sufrido violencia son las personas más proclives a quitarse la vida
• 42% de los casos de suicidio en México se registró entre jóvenes cuyas edades fluctuaban entre los 15 y los 24 años, seguidos por el rango de edad de 25 a 34 años
• el suicidio es la tercera causa de muerte entre adolescentes y jóvenes (alcanza 8.6 por ciento del total), únicamente precedido por el 24% de decesos derivados de agresiones y el 16 por ciento correspondiente a accidentes de tránsito vehicular
• el sector que más frecuentemente ha tomado la decisión de suicidarse está formado por jovencitas inscritas en planteles de enseñanza secundaria
• el métodos más recurrido en los casos de suicidio es el ahorcamiento/estrangulamiento o sofocación, seguido por el disparo de arma y el envenenamiento
• las mujeres optan con mayor frecuencia por las pastillas o los cortes (por ejemplo, en las venas), que no son tan letales, en cambio los hombres lo logran prácticamente a la primera
• 29% del total de suicidios los cometieron personas que no tenían empleo
• por cada una de las personas que consigue suicidarse sufren afectaciones otros seis hombres o mujeres cercanos
• Cancún ocupa actualmente uno de los primeros lugares entre las ciudades mexicanas con los mayores índices de suicidios; de enero de este año a la fecha (31 de octubre de 2013), van 65
• considerado el problema por entidades federativas (estados y DF), hace dos años, en 2011, los primeros sitios les correspondieron a:
Estado de México, 600 casos
Jalisco, 453
Distrito Federal, 413
Guanajuato, 358
Veracruz, 309
Chihuahua, 289
Chiapas, 230
Nuevo León, 218
Tabasco, 188
Yucatán, 186 casos

• Al grado a que han llegado las cosas, las autoridades sanitarias estiman que el suicidio puede rebasar en 2013 a la mortalidad por diabetes

• Fuente: Gaceta del Senado e Inegi

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Arnoldo Martínez Verdugo, camarada

IMA Arnoldo Martínez Verdugo, líder nacional del PCM

El joven que quiso ser artista y que lo logró, involucrándose a fondo en las luchas obreras y dedicando su vida al socialismo y la Revolución.

@EduardoSuarez_

«Socialistas palaciegos» les llamaba a unos ex comunistas que habiendo caído para arriba un día se levantaron de la cama convertidos en personeros del PRI y burócratas de medio pelo al servicio de Carlos Salinas.

Mi cariño para Martha Recasens. Abrazos solidarios para Armando Martínez Verdugo y familia; para Elvira, Juan Luis y Luciano Concheiro; para Pablo Gómez Álvarez, Gerardo Unzueta, Gerardo de la Torre y Luciano López Zamudio. Y uno más para Humberto Musacchio, quien hace años le dedicara a AMV una nota bellísima insertada como prólogo en un libro de mi amigo Eduardo Ibarra. Ese texto de Musacchio no lo he podido encontrar, pero en mi opinión refleja lo que Arnoldo es y ha sido para nuestra generación a partir de que de las manos de éste y del asombro nos internamos en la maravillosa experiencia de la Revolución desde las posiciones políticas y los principios filosóficos que el querido camarada siempre supo defender y mantener con una gran dignidad.

 

Eduardo Suárez

Arnoldo Martínez Verdugo (AMV) falleció la tarde del viernes 24 de mayo en su casa de Tlalpan. Tenía 88 años de edad.

Murió con la convicción de que “en una nueva ofensiva, los pueblos del mundo pondrán fin al periodo de dominación de la propiedad privada”, que hoy se presenta como una fatalidad histórica

AMV fue el dirigente histórico y el reformador en jefe del Partido Comunista Mexicano (PCM), al que sobre todo en tiempos harto aciagos se esforzó por mantener independiente respecto del dogmatismo soviético, la influencia del Partido Comunista de la URSS y la injerencia abierta o soterrada de los agentes gubernamentales de México y EU.

Fue, en 1982, candidato presidencial por el Partido Socialista Unificado de México (PSUM). Y más adelante, pieza fundamental para la unificación de las fuerzas progresistas en el comienzo de la transición democrática de este país.

Apenas el pasado 10 de enero, en el transcurso de un homenaje organizado por las autoridades de Tlalpan, Cuauhtémoc Cárdenas consideró, en referencia a Arnoldo Martínez Verdugo, que “su vocación unificadora de los movimientos democráticos, socialistas, de izquierda y progresistas” fue necesaria para acumular fuerzas y transformar el país. Y el antropólogo Roger Bartra —en un texto que envió a la ceremonia y cuya lectura estuvo a cargo de Ilán Semo— deploró la falta de una biografía amplia del homenajeado, cuyo papel democratizador equiparó con el del desaparecido dirigente comunista italiano Enrico Berlinguer.

El investigador criticó que en la historia de la izquierda mexicana AMV sea una figura olvidada por muchos, pese a ser “pieza clave” de la transición a la democracia. Señaló que AMV fue un dirigente comunista que, en contraste con la tradición estalinista, renunció a ser objeto de cualquier índole de “culto a la personalidad”, y que —por el contrario— se escondió detrás de la opacidad de su encargo como secretario general del Parido Comunista.

Ahí en Tlalpan, esto es en la Casa de Cultura de esa delegación, Martínez Verdugo estimó que “nuestro proyecto común tiene que ir más allá de la política”.

Aseguró que sus decisiones tomadas siempre fueron presididas por la convicción, y señaló que en la “búsqueda de un México digno, justo, mejor, debemos confirmar nuestro liderazgo ideológico y promover una profunda, real, transformación de la sociedad”.

VIDA Y MILAGROS

Nacido en Pericos, Sinaloa, localidad enclavada en el municipio de Mocorito, Arnoldo Martínez Verdugo obtuvo su primer trabajo en un pequeño comercio propiedad de un padrino que tuvo, de origen chino. Más adelante, en la ciudad de México, fue contratado como empleado de la empresa papelera “San Rafael”.

Había venido al DF para matricularse como alumno en la Escuela de Pintura y Escultura “La Esmeralda”, donde —en efecto— fue ayudante de Miguel Covarrubias durante la realización de dos pinturas murales en el desaparecido hotel Del Prado.

Del brazo del pintor Chávez Morado, se involucró en luchas por reivindicaciones sociales y tomó en serio el estudio del marxismo. Y en 1946, al final del sexenio de Manuel Ávila Camacho, ingresó al Partido Comunista Mexicano (PCM).

En 1959, durante la “guerra fría”, en el contexto nacional de los movimientos magisterial y ferrocarrilero, los compañeros de Martínez Verdugo lo eligieron miembro del secretariado del partido. En 1963, al final del gobierno de Adolfo López Mateos, fue nombrado primer secretario de su Comité Central, y luego secretario general del PCM, cargo en el que fue reelecto hasta 1981.

Fue en ese lapso cuando el líder izquierdista encabezó el proceso de transformación que desembocó en la fusión del PCM con el Partido Socialista Revolucionario, el Movimiento de Acción Política, el Movimiento de Acción y Unidad Socialista, el Partido del Pueblo Mexicano y el Movimiento de Acción Popular.

Dicho proceso dio origen al Partido Socialista Unificado de México (PSUM), del que AMV sería candidato presidencial en 1982.

En ese año recorrió toda la República a borde del autobús insignia del partido, El Machete, nombre del legendario periódico del Partido Comunista Mexicano en la segunda, tercera y cuarta décadas del siglo pasado.

Al invadir el Pacto de Varsovia a Checoslovaquia (1968) para dar fin a la Primavera de Praga, Arnoldo Martínez Verdugo y sus camaradas de partido protestaron con énfasis. Su ardua crítica erigió al PCM, junto con el Partido Comunista de la República Dominicana, en las únicas dos organizaciones políticas de ese signo ideológico que en América Latina se opusieron a la intervención de tropas extranjeras en la mencionada república del centro de Europa.

En 1978, en medio de polémicas de izquierda, Arnoldo Martínez Verdugo fue sin duda una de las figuras destacadas en las negociaciones con Jesús Reyes Heroles (secretario de Gobernación en el gobierno de José López Portillo) para la primera reforma electoral. En 1979, el PCM se alió con el Partido del Pueblo Mexicano, el Partido Socialista Revolucionario y el Movimiento de Acción y Unidad Socialista para formar la Coalición de Izquierda, con la cual participó en las elecciones por primera vez, aunque con “registro condicionado” a un buen resultado en los comicios.

Y lo lograron. La Coalición de Izquierda obtuvo 705 mil votos, lo que le permitió obtener 18 diputaciones federales. AMV fue elegido coordinador parlamentario de la correspondiente fracción en el Congreso.

El primero de julio de 1985 los medios dieron la noticia de que “cinco hombres armados secuestraron a Arnoldo Martínez Verdugo, candidato a diputado federal por el PSUM”. El Partido de los Pobres, entidad a la que dijeron pertenecer sus captores, reclamaba a manera de rescate una cantidad millonaria que, según se dijo, el PP había confiado al partido de Arnoldo en calidad de resguardo.

Ese dinero no era sino el pago recibido por el propio PP una década antes, a cambio de dejar en libertad a Rubén Figueroa Figueroa, capturado cuando era el candidato del PRI a gobernador de Guerrero.

Años después, el Partido Mexicano Socialista (sucesor del PSUM, que a su vez devino del PCM) nominó a Heberto Castillo Martínez como candidato a la Presidencia. Sin embargo, cuando faltaban unas cuantas semanas para la elección, la dirigencia y las bases del PMS decidieron que Heberto declinara y que el partido apoyara al candidato del Frente Democrático Nacional (FDN), Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

La presencia de Arnoldo Martínez Verdugo en esa etapa crucial fue determinante, y en lo que el escritor Carlos Fuentes describió como “choque de locomotoras”, el hijo del Presidente Cárdenas compitió contra el abanderado del PRI, el tecnócrata neoliberal Carlos Salinas de Gortari.

Tras el fraude (elecciones 6 de julio de 1988), del FDN y de la alianza entre el PMS y el grupo de ex priistas encabezados por CCS (la Corriente Democrática) iba a emerger el actual PRD o Partido de la Revolución Democrática, al que el líder histórico de los comunistas mexicanos también perteneció.

Como legislador, Arnoldo Martínez Verdugo hizo públicas y defendió sus apreciaciones personales y los posicionamientos de la por entonces llamada bancada del FDN (más adelante, PRD).

En marzo de 1996, por ejemplo, en medio de un fuerte debate propuso que la Cámara de Diputados se pronunciara contra la desnacionalización de la industria petroquímica y que fuese designada una comisión de legisladores que estudiaran la viabilidad de “otras salidas”. Los propósitos de su iniciativa se resumen en la conservación, la modernización y el desarrollo de esa industria nacional sin que para ello se tuviera que depositarla en las manos de los inversionistas de otros países.

En 2003, en el contexto del gobierno de Fox y durante un homenaje que le tributaron el Gobierno del Distrito Federal y la fracción perredista de la Asamblea Legislativa del DF, Martínez Verdugo advirtió que “el retroceso” en México está imbricado en los intentos de un régimen que representa “el interés del capital trasnacional de cara a la privatización de la industria eléctrica”.

Criticó al Ejecutivo federal por satisfacer sus requerimientos de recursos “a costa de seguir fortaleciendo a la banca”, y advirtió que una reforma fiscal enderezada en esa dirección afectará a la mayoría de los mexicanos y, entre otros resultados, provocará la desaparición de instituciones que de tiempo atrás han sido unas grandes impulsoras de la cultura. (Con información de México: La Jornada, sábado 25 de mayo de 2013, p. 2.)

| Arnoldo Martínez Verdugo fue el último líder del Partido Comunista Mexicano. Nació en la localidad de Pericos, municipio de Mocorito, Sinaloa, en 1925, y falleció a los 88 años de edad, el viernes 24 de mayo de 2013, en la capital de México.

• Gracias, Adolfo Llubere, por la siguiente nota http://www.redpolitica.mx/nacion/arnoldo-martinez-verdugo-el-comunista-que-libro-la-carcel-en-el-68 compartida:

Discreto hasta el final, como aquél día del 68, en que la Policía allana las instalaciones del PCM, y con brutalidad se llevan presos a los dirigentes, menos a él, un joven modesto, tranquilo.

—¿Usted quién es? —preguntó el policía.

—Yo soy el secretario general… —contestó Arnoldo Martínez Verdugo.

—¡Pínches gatos! ¡A la chingada! *

( * ) La verdad es que esa escapada no aconteció en 1968. Fue años antes, por ahí de 1966-1967, bajo el clima de la “guerra fría” y en vísperas de la visita de un personaje relevante del gobierno de EU a México.

Y tampoco se salvó exclusivamente Arnoldo sino varios de los dirigentes del PC.

AMV declaró ser “primer secretario”, no “el secretario general”, como asienta la nota periodística, y uno de los agentes policiales que había mandado Uruchurtu les replicó algo así como “¿Lo ven, pendejos? Sus jefes ya se pelaron y a ustedes los dejaron solos. ¿Se dan cuenta, secretaritos de mierda? ¡A la chingada, gatos, lárguense o los refundo!”

| eS

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Tiempos nuevos para una escoria verbal atávica

Imagen obtenida de "Alberto Beatle" en Facebook.

| Aún hay más, mucha más basura intelectual en la TV comercial.

5ª Avenida 

 

| “¡Me caga…!”, “¡Qué mierda se traen ustedes…!”

 

Eduardo Suárez

Playa del Carmen (México) | Es obvio que la verborrea escatológica, propia de explotadores “negreros” españoles, de prófugos del lumpen hispano y de abarroteros también peninsulares que se asentaron en México tras de su descreimiento en el no menos vulgar “Mr. Marshall”, ha logrado desplazar del vocabulario mexicano, sobre todo entre nuestros jóvenes, a aquel clásico “¡Carajo!”, a decenas de geniales variaciones de la octaviopaceica chingada (Cfr., El laberinto de la soledad), y a la más que popular, pluriclasista, mentada de madre. Ésta tan tradicional entre nosotros, además de rotunda y elegante, sobre todo si se pone al lado de un “¡Me cago en… y todavía me sobra mierda para ponerle bigotes a…!”

Qué asco, ¿verdad? Porque hasta para andar con improperios tiene que cuidarse el estilo.

Pero no es todo. Aún hay más, mucho más, en los contenidos sin interrupción degradantes de la casi totalidad de los programas pseudofamiliares de la TV comercial. A ellos sí les ha dado resultado el cuento (léase business) de la “autorregulación”.

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5ª Avenida | Dolo y veneno en mensajes de radio y televisión referidos a la ciudad de México

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PLAYA “MAROMA” EN LA RIVIERA MAYA
De izq. a der.: Eduardo Sánchez B., Nayeli R. Navarro, Jorge G. Mier y Jorge Delgado; de pie: Efraín Sánchez Padilla, Rafael Hernández y el che Mario Romeu Amantea.

▪ A pesar de que las autoridades del Distrito Federal las favorecen con sumas multimillonarias, las empresas de Azcárraga Jean y Salinas Pliego han tendido un cerco de desprestigio y desinformación alrededor de la capital del país

▪ En contraste, debido a que la parte del presupuesto que recibe es ridícula y que además va menguando, el canal de televisión abierta del GDF —Canal 21— se encuentra al borde de la extenuación

▪ Amado Nervo, poeta sublime, fue desleal a Madero

 

Eduardo Suárez

Rehilete / Periodistas en Línea

Martes 2 de abril, 2013

 

Playa del Carmen (México) | Una mañana de los años ochenta, cuando dejé el noticiario Enlace de TV Once y contaba las horas que faltaban para alcanzar a mi mujer e hijos en Finlandia, me entretuve unos minutos redactando dos reseñas bibliográficas pendientes para una publicación de la UNAM.  

Me topé con un texto olvidado. La lectura del Epistolario inédito de Nervo causó en mi ánimo un efecto como de fuego congelado, similar aunque más doloroso al que unos cuantos días más tarde produjo en mis manos desnudas un agarre fuerte, contundente, que le di a un mueble de acero helado de los talleres del Helsingin Sanomat.  

Me asombró cómo un poeta nuestro, de los más consagrados, había sido capaz de deslizarse hasta los extremos más ruines de la felonía, pues había escrito y dado a conocer —ni duda cabe que desde el confort de su oficina en la embajada de México en París— denuestos contra el Presidente Madero y loas al cuartelazo.  

Cierto, yo todavía reaccionaba en 1980 como si formara parte de la emblemática generation of angry young people de Inglaterra, o como si por alguna charada de mi vida (¿habré hecho esto de mi vida?) tuviera yo motivos para actuar con imposturas de arrogancia atrabancada.  

Tenía ya 32 años de edad. No obstante, bien a bien mis entendederas no alcanzaban a distinguir claramente entre el burócrata de medio pelo en fechas de la Decena Trágica y su obra como poeta. Pero qué ojete, ¿verdad? Ojalá haya recapacitado. 

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En Plenitud, Amado Nervo descubre que “el clavo se queja del martillo porque no ve la mano”. Esto les pasa a muchos que dan entrevistas y que, una vez publicada la versión de lo que han dicho, se percatan de que de algún modo a su mensaje le mataron los filos, o que de plano lo tergiversaron. No ocurre siempre pero, cuando pasa, la mayoría de los así traicionados piensan mal del periodista que los entrevistó o que fue a cubrir la nota. Ignoran que, por lo común, el reportero no se manda solo. Que en todas las redacciones de la prensa escrita, la televisión y la radio hay gente por encima de él, y que es la que decide.  

Lo anterior me ha puesto a cavilar por qué los ciudadanos del DF aún no contamos con una estación televisora que nos exhiba tal cual. Que refleje, sin distorsionarla, nuestra realidad local, y que dé fe de los avances logrados en derechos humanos, seguridad pública, salud, cultura, educación, protección del entorno, vivienda, vías de comunicación, transporte, democracia (inclusive) y empleo. Todo ello a base de participación ciudadana organizada, esfuerzo y no pocas lágrimas.  

Hago memoria del 68 en Tlaltelolco y del Jueves de Corpus, pero no son los únicos casos. Nada lo hemos obtenido regalado, y —si me apuran— todavía agrego a lo dicho que en 1928, en su pendencia política con el general Calles, al presidente Obregón se le antojó eliminar los municipios de la capital del país. En consecuencia, con un retraso de 89 años respecto del total, casi, de las entidades federativas hermanas, los chilangos comenzamos a escribir la historia propia desde nuestras propias instancias (elecciones del 97, sin mapaches). No más sobre la base de perspectivas ajenas ni desde la residencia oficial de Los Pinos.  

Pero ¿qué pasa? ¿A qué se debe que lo que ha estado ocurriendo en nuestra megalópolis se conozca más profundamente en medios extranjeros que entre la comunidad nacional? Sospecho de Azcárraga Jean y su empresa Televisa.  

Por poner un ejemplo, en días recientes un ex compañero de chamba al que admiro porque es amigo leal y porque —¡defecto de fábrica!— se trata de un mexicano que procura estar informado, me sorprendió con la especie de que “está mal que los habitantes del Distrito Federal gocen de prerrogativas que no tiene” el resto de la población nacional.  

—¿Por qué o qué, Rafa? —pregunté asombrado.  

—Porque los logros que tienen los alcanzan a costa de los demás.  

—¡Ahora resulta… !

 

Rafael Hernández es actualmente uno de los mejores vendedores de membresías del Grupo Mayan (Vidanta). Y forma parte, aunque no se percate —yo creo que sí— de la audiencia cautiva de la radio y la TV comerciales cuyas barras de programación cotidianamente se saturan de contenidos fraguados a base de dolo y veneno: verdades a medias, mentiras completas y mucha desinformación. Sobre todo cuando sus mensajes se cocinan para desprestigiar a la ciudad de México. Veamos:

Cuando en la capital mexicana se empezó a hacer más que ostensible la disminución real de los hechos delictivos —lo cual efectivamente es demostrable, echando mano incluso de estadísticas—, se arguyó, por ejemplo, que en su mayoría la gente que ha sufrido un daño patrimonial (a manos de los delincuentes) “se abstiene porque tiene temor de hacer la denuncia respectiva ante la autoridad encargada”, puesto que “las más de las veces los agentes del Ministerio Público se revelan ante los quejosos como todavía más ladrones” que los que momentos antes los hicieron objeto de robo.  

Tal afirman y esgrimen datos sesgados y ocultan información que no pueden rebatir. En el colmo de su cinismo, lo hacen como si en algún arcano existieran pruebas de que, antes de ser desplazados de la gobernación del DF, los priistas que la hicieron de regentes se hubieran distinguido, en general, por su vocación de servicio o por su capacidad… O —aunque sólo hubiese sido esto—: por  poseer una honestidad a toda prueba. ¡Ni de chiste! Pero veamos ahora otros dos casos:  

Si en el DF se abate la contaminación atmosférica, los propietarios de los medios electrónicos quitan de entre las noticias radiofónicas y hacen desaparecer de las pantallas de los telerreceptores los reportes Imeca (índices de medición de la calidad del aire). Se vale todo, menos volver a la ética y reconocer los aciertos de gobiernos de la otrora oposición.  

Y, cómo olvidarlo: Si se da apoyo sustancial a las madres solteras y se aprueba como ley la pensión universal para los viejos, se critican con virulencia esas medidas y se recurre al espantajo populista, no importa que en los mismos momentos en que lo hacen sus detractores se retuercen de envidia.  

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Pese a que la ciudad de México aporta a la Federación mucho más de lo que recibe del erario, la opinión prevaleciente en los estados es que la elevación en la calidad de la vida de los capitalinos se ha conseguido a expensas del resto de la población. 

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Este cerco de desinformación y mentiras alrededor de la capital de México forma parte, según dicen algunos, de la “guerra sucia” permanente contra el proyecto de izquierda que hasta ahora se ensaya exitosamente en el DF. No sabía que hubiera guerras limpias (¿serán las de neutrones?). Quienes de las malas artes se valen, lo hacen contraviniendo el artículo sexto de la Constitución.  

Lo que no había advertido yo es que tanto Ebrard como Miguel Ángel Mancera han sido omisos, diría yo que hasta cómplices, frente a la belicosidad que vuelcan, en detrimento de la ex Gran Tenochtitlan, Televisa y TV Azteca. ¿De qué forma? Pagándole protección al duopolio (en este caso, la palabra publicidad es eufemismo), y —aunque Ripley no lo crea— escamoteándole recursos, para que siquiera sobreviva, al Canal 21 de televisión, organismo dependiente del mismísimo gobierno del Distrito Federal.  

En días pasados, en el portal de Periodistas en Línea y en las páginas de El Financiero, Carmen García Bermejo denunció que, en el periodo que va de septiembre a diciembre del año 2010, el GDF le pagó a Televisa 105 millones 863 mil 413 pesos por concepto de publicidad oficial, y que por el mismo servicio en el mencionado cuatrimestre le pagó a TV Azteca 34 millones 888 mil 324 pesos.  

Estos datos se refieren únicamente, como queda dicho arriba, a cuatro meses del año 2010, pero las proporciones de la repartición del dinero fueron muy similares durante todo el sexenio de Ebrard.  

En cambio, como alto contraste, el entonces jefe de gobierno del DF aprobó darle al Canal 21 nada más 65 millones 119 mil 211 pesos para que cubriera el total de sus necesidades correspondientes al año 2009; 72 millones 770 mil 231 pesos para el año siguiente; 71 millones 886 mil 164 pesos para el año 2011, y ¡tan sólo 45 millones 743 mil 589 pesos en el año 2012!  

En el caso de Mancera, para este 2013 el ex procurador acordó destinar al canal mencionado, componente del denominado Sistema de Radio y Televisión Digital del Gobierno del DF, solamente 58 millones 388 mil pesos.  

Sobran comentarios. Es de responsabilidad ciudadana tomar nota de los datos expuestos y compartirlos con los mexicanos de dentro y fuera de la capital nacional. No hay democracia que valga sin libertad de expresión y sin un ejercicio real, tangible, del derecho a la información. 

Por el momento, no despacha en la Presidencia un político de la talla de Álvaro Obregón, ni hay cabida entre nosotros para el temor de que un día de estos la nación despierte, abra los ojos y se descubra víctima de otro cuartelazo. Pero tenemos que permanecer en estado de alerta.

eS

Nota: El texto que cito arriba, de la autoría de Carmen García Bermejo, se puede/debe consultar en http://www.periodistasenlinea.org/modules.php?op=modload&name=News&file=article&sid=22832&mode=thread&order=0&thold=0

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5ª Avenida

Y de cenar, “Camarones al coco”

 IMA Índigo tres para mi nota en WordPress

EDUARDO SUÁREZ

| Playa del Carmen (México)

Lydia Aideé L. Vasconcelos me cita en el restaurante Karen’s* y durante más de dos horas nos nutrimos de humor negro, chismes (desde luego, con mucha mejor clase que en el neoyorquino Tiffany’s), música en vivo, nostalgia y luego risas más un apetitoso menú de precios muy accesibles compuesto a base de platillos mexicanos y el insuperable taste de un chilango, su fundador Carlos Sánchez.

Conserva el porte elegante y es muy bella, ¡es de Papasquiaro! Piernas largas, buenos pechos, nalgas de diosa, inteligente y bastante bien educada, lo que no obsta para que de vez en vez introduzca en la plática temas vulgares —impropios de las buenas conciencias, como escribiría Carlos Fuentes, pero afortunadamente no es ley que tenga uno que lidiar con exquisitos ni hipócritas.

Por eso hoy en Playa se burla de Roberto Borge. Porque en el transcurso de su visita a Durango el cozumeleño declaró que gobierna a Quintana Roo “tratando de imitar el estilo” del mandatario de allá, Jorge Herrera. ¿Qué estilo es ese?

Me lo explica la papasquiarense:

—Un Nerón incendiando Roma que comenzó su gestión cubriéndole las espaldas a [Ismael Hernández Deras] su impresentable antecesor, vulnerando reivindicaciones obreras, violando la autonomía de la UJED (Universidad Juárez del Estado de Durango), mintiéndoles a los campesinos y cerrando los ojos frente a los sufrimientos causados por la guerra falsamente lanzada contra el narco.

—Lo que no es falso ni supuesto —menciono— es la inmensa fortuna que ahora mismo están amasando los que se benefician con tal guerra.

—Penalizas el comercio de enervantes —me secunda— y lo que obtienes es que se escasee el producto, y que encarezca. Esto, sin contar la sangre.

—Pues eso mismo. Pero la Riviera Maya —argumento— no es Tamaulipas ni es Guerrero, Chihuahua o Michoacán.

—No es un secreto que a ustedes los extorsionan los zetas —revira ella.

—Por el momento, en Cancún y aquí mismo podemos pasear, comer, divertirnos y dormir con relativa tranquilidad. Lo que pasa es que Borge Angulo, dado que frecuentemente se ausenta de México, no se ha enterado de la forma en que gobierna el duranguense Jorge Herrera Caldera. Allá habló nada más tratando de quedar bien con su anfitrión.

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Después de hartarnos de lo lindo con porciones deliciosas de sopa de lima, la brocheta mar y tierra (especialidad de la casa) y una exquisita cazuela de mariscos, Lydia Aideé me sugiere tomar una última copa a la orilla del mar, que está a unos pasos. Nos metimos a una especie de antro —¡vaya el escándalo!—, y en minutos se reúne con nosotros Carlos Sánchez, el dueño del restaurante Karen’s. Viene con su amplia sonrisa y lo acompaña una ejecutiva de ventas de tiempos compartidos de un hotel de lujo.

A bocajarro, una vez hechas las presentaciones y sin siquiera avisar que ahí va el agua, Lydia Aideé le espeta a la mujer:

—Dime, tocaya, ¿por qué motivo ustedes, los vendedores del hotel [tal y tal], les dicen tantas mentiras a sus clientes? ¿Reciben de sus jefes la orden de que hay que enjaretarles a fuerza las membresías de tu empresa?

¡Sopas! Hasta este momento, Lydia, la recién llegada, difícilmente ha logrado mantenerse en pie. Trae entre pecho y espalda por lo menos dos tragos bien servidos, dobles, del licor Grand Marnier; sin embargo, saca fuerzas de flaqueza y satisface la interpelación a mansalva con ejemplar sensatez:

—No creas eso, mira: Se trata de una falacia que, con cierto éxito, han logrado ponernos en la frente competidores inescrupulosos. Pero es falso, créeme. Ahora que, debo admitirlo, para eso ayuda… Para eso ayuda la necedad de uno o dos gerentes poco aptos que insisten en que a toda costa a los clientes tenemos que “crearles la necesidad” de comprar. Y esto, no obstante que lo que hoy conocemos como la cultura vacacional (o sea el reconocimiento hecho hábito de que hay que recuperar fuerzas, descansar y hasta divertirnos un poco) no es una mera invención sino una necesidad real, natural, de todos los seres humanos. ¿Estoy siendo clara, tocaya? Sí me entiendes, ¿o no? Tú nomás dímelo.

«Bueno —resume y vuelve a la carga—. Pues tras de esa sinrazón se agazapan varios compañeros míos, de mi trabajo. No los más duchos ni todos, desde luego, únicamente un puñado que no entiende que es mejor desarrollar con libertad, con sentido de la creatividad y con absoluta responsabilidad, nuestro trabajo. Que no hay necesidad de mentir, sencillamente porque no hay que “crear” la necesidad de vacacionar. Ya tenemos esa necesidad todos los humanos. Lo que sí se necesita es que hagamos conciencia de ello entre el público, pero esto ya es otra cosa.»

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—Basta de rollos —protesta con nerviosidad, como acostumbra, el señor Carlos Sánchez, y viene su ultimátum—: o les cuento a continuación la forma en que algunas empresas se enriquecen timando a competidores míos que se tragan la mentira de que están muy abajo en el ranking.

—¿En el ranking de qué o contra de quién? —inquiere un chistosito.

—En el de ventas.

—¿Qué clase de empresas son esas? —me intereso—. ¿Son agencias que…?

—¡Eso mismo! —interrumpe la voz de un empleado, no se bien si de allí, del Wah-wah (el antro) o del restaurante Karen’s—. Son agencias que nos están protegiendo de las grandes cadenas eh… transnacionales, y que hasta se desvelan 24 horas al día [sic], todos los días del año [otra vez sic], dedicadas a promover nuestras marcas…

—¡Ah!, ¿quén pompó? —lo ataja un pedigüeño de playa que en principio iba así como de paso pero que ahora lo matan las ansias por meter él también su cuchara.

Me desespero. Un gesto rápido del propietario de Karen’s, Carlos Sánchez, cancela entonces la enjundiosa perorata de quien antes, claramente sin invitación de por medio, se había tirado al ruedo, en tanto que Lydia y yo (me refiero a la vendedora de membresías, no a Lydia Aideé) exclamamos al unísono y casi-casi con las mismas palabras:

—¡El marketing degradado y arrastrado hasta los lindes del fraude! [Risas sonoras.]

—¡Aprendan, cabrones! —se le escapa a la vendedora Lydia el exabrupto, y añade enseguida—: No sólo el Estado y los zetas nos están vendiendo protección. Ya hasta esos ratas “promotores” están escogiendo a sus pendejos. [Más risas, más, y también aplausos.]

¡Anticlimático! Nada más estallar la bomba yucateca y se hace el silencio. Por lo demás, todos estamos positivamente llenos de ternura, emocionados, ante la muestra de ingenuidad al desnudo dada por el furtivo espontáneo: el empleado de marras y su elogio, de buena fe pero inmerecido, a las promotoras patito.

Lydia Aideé adivina qué pensamos su tocaya y yo. En consecuencia —por aquello, tal vez, del no-te-entumas—, pone freno a eventuales sarcasmos… y a más rollos. Su vestido de tela color índigo pone de realce la hermosura de su cuerpo, sus piernas largas-largas, su exquisito talle, su sonrisa, su personalidad que antes de evanescerse avasalla y sus ojos de tonalidades ora grises, ora verdiazules pero en cualquier caso sublimes.

Nos propone entonces:

—Bebamos.

Eleva una copa con su mano y nos abarca a todos con la mirada. Me cautiva, carajo. Imposible escaparme.

—¡Salud! —remata Carlos Sánchez—. Los voy a esperar en Karen’s esta noche. Van a chuparse los dedos. Van a cenar camarones al coco. Yo los invito. [Aplausos clamorosos.]

( * ) Karen’s, restaurante ubicado en la 5ª Avenida de Playa del Carmen, entre las calles 2 y 4 Norte.
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México, pueblo niño, siempre esperando a que “la Virgencita” venga y nos salve: químico Luis Manuel Guerra

Maestro universitario, autor y creador de instituciones tan nobles como el INAINE (Instituto Autónomo de Investigaciones Ecológicas), las primeras noticias que tuvimos del químico Luis Manuel Guerra nos llegaron en la década del 70, cuando a través de la radio este profesional informaba acerca del estado del tiempo. Cuatro décadas más tarde ha rebasado con creces las fronteras de la meteorología. Ejerce el periodismo ecológico y es un experto que avisa sobre un riesgo letal: la falta absoluta de agua para beber y sembrar… la polución irreversible del entorno… el calentamiento global… la adelantada muerte del planeta.

EDUARDO SUÁREZ

Además de sus tareas como emprendedor y su trabajo en el laboratorio, usted es una persona que viaja mucho. Visita universidades de México y lo invitan a congresos e instituciones académicas del extranjero. ¿Qué tan graves son los peligros que se ciernen sobre el medio ambiente global?

—Esos peligros no se pueden mensurar. Por primera vez en diez mil años de vida de la humanidad, entre el siglo veinte y el que corre nos estamos confrontando con la posibilidad muy real de que nuestro planeta azul se transforme en un cuerpo celeste frío y sin vida. Nada más veamos lo que ocurre en los bosques, selvas, ríos, lagos y mares del planeta, o la voracidad con que han sido explotadas las superficies destinadas a las labores agrícolas.
El mundo sabe, lo saben muy bien sus líderes, que ya hay estrategias idóneas para contener los daños; no obstante, la explotación masiva del “mundo en desarrollo”, facilitada a través de engaños y promesas de un desarrollismo ilusorio, no nada más está extinguiendo desde ya la cultura y los recursos naturales de los países pobres como México sino que va a terminar por destruirnos a todos, incluso a los Estados Unidos y al resto de las potencias hegemónicas.

¿El hombre solo, su afán de enriquecimiento es lo que está acabando con la vida?

—Los seres humanos somos los principales depredadores sobre la faz de la Tierra.

Los medios dicen, particularmente esos libros llamados de superación personal, que somos la cúspide de la evolución. En consecuencia, aquello que hemos hecho en nuestro entorno…

—¡Ni hablar! Sólo hemos significado malas noticias para las otras casi diez millones de especies de seres vivos no humanos que comparten con nosotros este cuerpo celeste. Quienes de manera simplista hablan (y se ponen felices al hacerlo) sobre el hombre y la mujer como cúspides de la evolución, lo que deberían hacer es recapacitar acerca de que en realidad no le hacemos ni una pizca de falta al resto de las maravillosas manifestaciones de la vida en el globo terráqueo. Antes de pensar siquiera en llegar a ser exitosos (algo a lo que, por supuesto, cotidianamente nos invitan los que viven de la publicidad), deberíamos tomar conciencia de que en aras de esas veleidades la estatura moral de los seres humanos se ha reducido.

En su libro El químico Guerra responde leí que por lo menos nueve décimas partes de la población de México y del mundo “no obtienen ganancias del crimen que se inflinge a nuestro entorno, sino al contrario”, y que a pesar de eso “tampoco se suman a campañas o medidas para su preservación”. Colocado en esa circunstancia, ¿le encuentra sentido a continuar actuando dentro del marco de la protección ambiental? ¿Por qué se hizo químico y después ecologista?

—Estoy en el ecologismo porque me di cuenta, creo que a tiempo, de que los mitos, las verdades a medias y la desinformación que cotidianamente se transmiten a través de la televisión y la radio, desconciertan y siembran confusión entre los habitantes del planeta. Permanezco dentro de los marcos de la protección al ambiente porque creo que ha sonado la hora para que la humanidad y la naturaleza donde habita se salven.
En este sentido, convendría ya que se dejasen de lado, por ejemplo, discusiones bizantinas e interminables como ésas que se fraguan (ignoro si esto lo hacen sólo para distraer) a propósito de la diferencia entre actitudes ecológicas y actitudes ecologistas. Se bien que, a pesar de todo, estamos frente a la oportunidad más importante que ha tenido la humanidad para redefinir su destino, y para mí esto basta.
No me desanimo. Estoy contento con lo que hago, aunque me gustaría hacer mucho más.
Ahora, en lo que se refiere a su segunda pregunta, nací aquí, en la capital del país, en el seno de una familia del sur de la ciudad. Fui nieto de un gran mexicano, muy humilde, quien a pesar de no haber podido culminar su educación primaria se vino solo al DF desde Santiago Tianquistenco, a los trece años de edad, y con el tiempo llegó a fundar una de las empresas farmacéuticas nacionales más importantes de entonces.
No obstante carecer de estudios, desde que llegó aquí a mi abuelo ya le interesaba todo lo relacionado con la química. Se consiguió un empleo como repartidor de medicinas en bicicleta y después se hizo formulador de recetas. Luego tuvo varias farmacias. Esas farmacias las vendió para fundar un laboratorio importante y por último desarrolló medicamentos tales como el Cafión, el cual llegó a ser famoso porque era el principal analgésico que se vendía en México, pero sobre todo porque fue el primero en el mundo que combinó cafeína con ácido acetilsalicílico. Este producto después se convirtió en la CafiAspirina.
Aunque mi abuelo murió cuando yo apenas tenía seis años de edad, siempre sentí que me quiso mucho. Y sus logros, desde luego, me impactaron y dejaron su huella. Fue así como quedó en mí esta inquietud por mezclarlo todo y por tratar de entender a fondo cómo es que funcionan las cosas. Desde chico tuve la curiosidad de enterarme qué era la materia. Y me fascinaban, siempre, los misterios de la energía: por qué es que se quema la madera, qué son las flamas…
Posteriormente estudié, por la influencia de mi abuelo también, en el Colegio Alemán. Entré en 1953, al kínder. Allí fui en verdad afortunado. A partir del tercero de secundaria y en el transcurso de toda la prepa tuve excelentes maestros de química. Eran catedráticos de la UNAM y, sin embargo, cada uno de ellos por algún motivo personal había establecido vínculos con el Colegio Alemán; por eso es que en él nos daban clases.
Yo me acuerdo de la maestra Klapp y, muy bien, de otra gran profesora, Pilar Belausterigoitia, decana de la Facultad de Química. Ella era, sin duda, una de sus académicas más reconocidas y la maestra de la cual nosotros, aún muy jovencitos, tuvimos la suerte enorme, siempre grata, de recibir sus clases.
Tuve la fortuna en la vida de que mi generación de alumnos de preparatoria fuera la primera en obtener, del Ministerio de Cultura de Alemania, la posibilidad de hacer el bachillerato alemán fuera de ese país (aunque, esto es claro, dentro del Colegio Alemán de la ciudad de México). Al concluir este ciclo escolar, conocido entre los alemanes como el habitur, el gobierno de esa nación europea me dio una beca para estudiar química en la ciudad de Munich. Fue algo que me marcó la vida. Tengo que reconocer, sin embargo, que en la preparatoria casi deserté. Es que el bachillerato debíamos estudiarlo a lo doble: conforme a lo que señalaba la curricula alemana y cumpliendo (al mismo tiempo) con los planes y programas de estudios oficiales de México.
Creo que no abandoné mis estudios gracias a las fuerzas de ánimo que recibí de mis familiares. Y, lo que no es poco, debido a que en el Colegio Alemán teníamos muy buenos profesores; los nuestros eran maestros muy estrictos pero también francamente humanos que sabían reconocer cuando alguien andaba patinando, flaqueando o atravesando por momentos depresivos. “¿Qué es lo que te está pasando?”, preguntaban con un sincero interés personal.
Finalmente, mis tiempos de estudiante en Alemania abarcaron del 68 al 71. Esos años fueron, según hoy los puedo recordar, determinantes para mi formación. En esa etapa aún temprana de mi vida hice contacto con lo que vinieron a ser mis primeras preocupaciones ecológicas.

¿Su vocación principal sigue siendo la investigación científica?

—Mi inclinación fundamental se ubica en el laboratorio, pero también me gusta la docencia. Durante una década di clases en la Facultad de Química de la UNAM. Impartí en este plantel la clase de Físico-Química VI, que es química de superficies, viscosidad, tensión superficial, coloides.

O sea, todo eso que a las olas del mar, a las cascadas, les da su impronta poética, maravillosa.

—¡Ah, exacto! Quizás lo leyó en mi libro.

Eso mismo hice, químico.

—En la superficie donde el agua y el aire se encuentran, el H2O forma una película elástica llamada tensión superficial. Esta misma tensión superficial permite a las olas del mar levantarse majestuosas en las playas, y a las cascadas de los ríos, formar las cortinas luminosas en las caídas de agua…

Se inspiró usted, no cabe duda; raro para un egresado de Química. ¿Sabe usted?, en el ala de Humanidades de CU ha trascendido que la comunidad académica de su Facultad es la más elitista y conservadora de la UNAM; escasamente dada a lo social y a los placeres del espíritu.

—Bueno, es la primera vez que oigo que la Facultad de Química es elitista. ¡Es la mejor Facultad de la UNAM!

Cierto, ¡y además son modestos!

[Risas].

—No somos conservadores, ¡al contrario! El científico, el verdadero científico, lo que tiene adentro del alma es la duda; busca la verdad. Luego, uno se compenetra mucho de eso. A lo mejor corremos el riesgo de no socializar porque en el laboratorio con nuestras cavilaciones nos quedamos encerrados y, también, muy entretenidos. [La ciencia] es un universo fascinante.

Hablando del tema de la investigación, químico, hace unos momentos mencionó que le gustaría hacer muchas cosas más en beneficio del hábitat humano. ¿Qué está haciendo actualmente?

—Básicamente estoy concientizando a la sociedad acerca de estos problemas que enfrentamos, pero además encuentro soluciones. ¿Cómo? Identificando ejemplos exitosos de individuos y organizaciones que sí están haciendo cosas a favor del desarrollo sustentable. Gente de todos los colores, de todos los partidos políticos, de todas las ideologías.

¿Cuáles de esas experiencias exitosas, alentadoras (por lo que estoy escuchando), podría mencionar en este momento?

—Aquí en México, por ejemplo, la producción de biocombustibles a través de esquilmos de la agricultura. De deshechos, digamos, de la producción alimentaria, y no necesariamente de maíz o de trigo. No de granos, reitero, sino de deshechos vegetales.

¿En qué partes de la República?

—En Chiapas ya está la primera destilería. Las plantas de fermentación.

¿Cuánto hace que están funcionando?

—Aquello lo inauguraron el año pasado, pero puedo mencionar, además, varias investigaciones que se están llevando a cabo ahora en el Instituto Politécnico Nacional. Son investigaciones que tienen que ver con la producción de biocombustibles. Y otro ejemplo excelente: la producción de hidroponia en nuestro país, que gracias a la voluntad y esfuerzos de una auténtica gran mujer, Gloria Samperio, y de la licenciada Martha Isla González, está creciendo a una velocidad impresionante. A tal grado, que quizás desde el estado de México vaya a desparramarse en cascada para favorecer a multitud de núcleos campesinos.
Servirá también de utilidad, si hay suerte, para que salgamos por fin de lo que ha sido una entelequia inenarrable: plantar maíz.

¿Me explica eso último, químico Guerra? Pero antes haga el favor de decir los juicios que a usted le merece el eterno escamoteo de los recursos públicos para la investigación.

—Es ésa una más de mis luchas. Le diría que el Ejecutivo no se ha ocupado de la formulación de un proyecto o una iniciativa de ley orientados a nuestro avance científico, ni siquiera porque se ha hecho público que frente a nuestro exiguo 0.4 por ciento del PIB dedicado a ese rubro, Brasil le destina ya el 1 por ciento y Chile y Costa Rica todavía más. Sin embargo, como actualmente Los Pinos ya no es ni remotamente lo que antes fue, tengo que concluir que este asunto se ha quedado atorado en San Lázaro, donde priva una enorme ignorancia y, además, intereses de terceros. De camarillas compuestas por vivales disfrazados de empresarios y, ¡nomás faltaba!, de aquéllas de las que forman parte los líderes sindicales corruptos. Así estamos.
En cuanto a lo de la entelequia alrededor del maíz, ésta es precisamente una de las telarañas contra las que tiene uno que batallar.
México es un pésimo productor de maíz. Somos muy malos, punto. Y hay que decirlo. Somos, en cambio, muy buenos productores de hortalizas y muy buenos productores de cítricos. Somos el cuarto productor de cítricos del mundo, el principal exportador de hortalizas hacia los Estados Unidos, y aparte, por si esto último pareciera poco, con un valor agregado.
Ese atavismo del “pueblo del maíz”… es una telaraña. Nosotros en temporal estamos produciendo entre 1.2 y 1.3 toneladas por hectárea al año. ¡Son apenas 3 mil 500 pesos, pero además nos vemos en la necesidad de importar 60 por ciento del total de lo que consumimos! En consecuencia, si hay otras regiones en el mundo que son excelentes para eso, ¿por qué no comprarles a ellos y meterle, aquí, más recursos a la hidroponia?
Esto en vez de estarles dedicando áreas y más áreas a la erosión, a la sobrefertilización, a la no modernización del campo.

¿Qué es la hidroponia, químico?

—La hidroponia es el cultivo sin tierra, básicamente de hortalizas, aunque también se puede practicar con las plantas frutales en invernadero. Es una tecnología alemana que se desarrolló desde fines del siglo diecinueve.

Y sus resultados son…

—¡Impresionantes!

El abandono (parcial) de la siembra de maíz en México y su eventual sustitución con este otro tipo de cultivo, la hidroponia, ¿no se va a contraponer a la soberanía alimentaria de México?

—No, no, no, ¡eso jamás lo vamos a lograr! Son tonterías, Eduardo. Los mexicanos somos malos productores de maíz. Somos, sí, la tierra del origen del maíz, pero esto no quiere decir…

No quiere decir que por haber sido México, o Mesoamérica, el lugar de origen del maíz, los mexicanos seamos incapaces de apreciar que podemos producir mejor otros alimentos.

—Eso es. Lo que tenemos que hacer es apoyar nuestras fortalezas, no irnos hacia lo otro. Somos un país mágico, sí, ya se sabe; nuestra herencia cultural es enorme. Pero hay que discriminar si lo que deseamos es trazar un futuro mejor para todos; un México con empleos, con bienestar y con una oferta educativa suficiente y de calidad. Pero fíjese bien en nuestra singularidad de guadalupanos, ¿se da cuenta? ¡Ni siquiera somos cabalmente cristianos! Somos guadalupanos y esto quiere decir que nos pasamos la vida creyendo que alguien nos va a venir a salvar. Somos, también, apegados a la familia, pero básicamente estamos desprovistos del sentido de comunidad. Y tampoco existe la solidaridad mexicana; ésta es otro mito. Nos jalamos y peleamos y lanzamos puntapiés unos contra otros.
Le digo esto porque hay que reconocer las cosas sobre las que tenemos el deber de trabajar. La haremos mal, muy mal, mientras continuemos reacios a la introspección, sin querernos mover ni un solo paso más allá de nuestra incapacidad para descubrir que necesitamos tener todos un propósito común.
Mire: Pueden surcar por su mente perspectivas, pensamientos diferentes a los míos, y si tal fuera el caso, yo tendría que verlo a usted como a un contrincante, no necesariamente como a un enemigo. ¿Lo expliqué bien?
Hay que encontrar los terrenos comunes sobre los cuales podamos apoyar eficazmente a la investigación científica, al desarrollo de nuestro país. ¿Sabe un porqué? Porque para dedicarse a la ciencia siempre hay que trabajar en equipo.
Hay que vernos, por ejemplo, en el futbol y sacar las debidas enseñanzas. Tenemos que empoderarnos nosotros mismos y no continuar a la espera de que lleguen el tlatoani o la Virgen. Eso nada más lo hace un pueblo-niño.

http://www.m-x.com.mx/xml/pdf/263/58.pdf

Publicado en emeequis / México, 19 de septiembre de 2011

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En “Polvo”: Calles, el Santo Niño Fidencio y los cristeros

Presentación de la 1a novela de Benito Taibo en la Feria del Libro Universitario de la UAEH
Auditorio del Instituto de Ciencias de la Tierra
Pachuca, Hgo., viernes 2 de septiembre, 2011 • A las 18 horas

EDUARDO SUÁREZ

Cuando una nación entera se avergüenza es león que se agazapa para saltar.

Carlos Marx

UNA DE LAS definiciones más aceptadas acerca de la noción de locura es “insistencia en hacer algo o insistencia en actuar de determinada manera, aunque el haber hecho antes ese algo o el haber asumido antes esa misma manera de actuación —o de no actuación— nos haya arrojado siempre los mismos resultados funestos”.

Quizás radica aquí la razón por la cual Benito Taibo insiste, a través de su novela titulada Polvo, en que México es un país donde “nadie habla y a pesar de ello se escuchan por doquier sordos sollozos”.

En medio de esta circunstancia demencial que tan bien describe, el autor hace que uno de los personajes de su libro, un reportero sin nombre, se suba a un tren. Que viaje en ferrocarril de México a Espinazo, pueblito éste del estado de Nuevo León (en la parte noreste de la República), y que durante el trayecto se desplace desde el primer vagón del “expreso” hasta el último (inclusive un carro más allá detrás del cabús): un vagón destinado a enfermos contagiosos, graves, dándole así la oportunidad al periodista, o sea al personaje creado por Taibo, de que analice in situ los estratos de los que está compuesta nuestra convulsa nación.

Aquello es igual que transitar por los nueve círculos dantescos. Y “así”, ejemplifico, dice:

La tercera clase dista mucho en comodidades de las dos primeras; los bancos donde los pasajeros toman asiento son de madera sin forrar. Huele mucho peor [que en la primera y segunda clases]. Las gallinas, los cerdos y los guajolotes campean a sus anchas, y las mujeres y niños que duermen en el suelo allí mismo hacen sus necesidades.

Como sea, el artilugio literario es válido. En una sociedad cruel como la nuestra, que premia a neuróticos-NO-lusers-sino-“triunfadores” y que eleva al poder a los voraces (pero no en atención a sus virtudes, sino en función de su vulnerabilidad moral, su incapacidad intelectual y sus defectos), Benito Taibo recuerda que los desposeídos de México han dejado de hablar desde el día en que se dieron cuenta que allá arriba, donde se dictan los destinos nacionales y locales, nadie está interesado en escucharlos.

Que, por lo visto, “el silencio es el acompañante perpetuo” de los mexicanos.

A veces por obligación, las más de las ocasiones por prudencia, [pero] siempre conteniendo la rabia.

Se mueve Taibo (Benito) en la época de la Cristiada, cuando curas sediciosos convencían a católicas para que viajaran en tren con cartuchos de dinamita escondidos entre sus pantaletas caladas y cuando el presidente Calles desató la desorbitada y cruenta persecución religiosa, mezcla podrida de jacobinismo oficial y triste afán de soliviantar a la masa, no en aras de la fe sino exclusivamente de sus intereses mezquinos, tan propio de la alta jerarquía eclesiástica que medra en nuestro país.

Con vigor inusitado en lo que es una primera novela, Polvo nos hace que también volteemos hacia atavismos que aún pueden ser de temer, como el que se hace presente —pongo un caso de época— a través de la figura del “santo niño” Fidencio; o bien, mediante la oligarquía espiritista lugareña, que en tanto mece la cuna a unos cuantos pasos de aquél y sus milagros les echa un ojo a otros negocios familiares.

En contraste, o sea para compensar, nos insufla dosis de optimismo. Y oxigena, mediante la vida ejemplar de Juan Ranulfo Escudero —el sindicalista guerrerense que fundó el primer municipio socialista que hubo en nuestro país: el de Acapulco—, el ánimo de quienes todavía sueñan (lo hacen luchando) en la posibilidad del comunismo libertario y en un México de justicia con dignidad.

Leo en la página 254 y siguientes:

Lunes 6 de febrero de 1928 […] Hoy el vagón de los enfermos ha depositado en Espinazo una carga insólita. Han bajado de uno a uno, muy serios y formados en fila india, cincuenta hombres barbados a los cuales, sin excepción, les falta la pierna derecha. Si no fuera un hecho verdaderamente dramático, movería a risa, podrían aparecer en una película de Harry Langdon o de los Keystone Kops. Es probable que sean militares; sólo miran hacia el frente y van apoyando la muleta idéntica a un ritmo y con una sincronización que delata su origen. Tal vez vengan de paseo. Dudo enormemente que las curaciones que aquí se realizan puedan ayudar a que crezcan piernas donde sólo hay hoy carne talada. Me conmueve la ingenuidad de algunos y ya no me sorprende en absoluto la mala fe de otros que andan ofreciendo imposibles en esta supuesta tierra prometida. Supe por los diarios que hay una agencia de viajes en la ciudad de México que ofrece unos pomposos “paquetes curativos” de una semana a unos precios estratosféricos.
Veo que Casillas está de pie escrutando el horizonte con una muy singular concentración y me le acerco sin hacer demasiado ruido.
—¿Qué pasó, amigo?, ¿cuándo se marcha? —le digo sacándolo de su ensimismamiento.
—¿A dónde? —responde inmediatamente.
—Vi que anda ordenando sus cosas. ¿O es nomás por hacendoso?
Ante la evidencia, saca dos cigarrillos ya liados del chaleco y me ofrece uno mientras asiente con la cabeza.
—Ya casi terminé lo que vine a hacer aquí. Todavía hay un mundo por descubrir.
—Me parece que yo también estoy acabando lo que vine a hacer; no hay mucho más por contar. Temo que mis lectores acaben odiándome. Es realmente difícil ser objetivo cuando pasan cosas tan extrañas a tu alrededor.
—¿Está dudando de sus convicciones?
—No, no es eso. Lo cierto es que ciertas situaciones y eventos me resultan del todo inexplicables. Y justamente no quiero pecar de ingenuo. Tal vez me falten conocimientos para relatar de manera clara lo que aquí sucede.
—O le falte fe, mi amigo.
Me quedé callado, no era un tema que quisiera discutir con él ni con nadie. En cambio, señalé a las vías del tren al tiempo que con la otra mano me hacía visera sobre los ojos.
Reverberando en pleno mediodía notaba una figura vestida de blanco, a la cual desde nuestra posición era imposible reconocer pero que caminaba con la cabeza gacha sobre los durmientes.
—Sea quien fuere, morirá de calor —dije.
—Sea quien fuere, no debería estar allí —y su voz sonó con una frialdad tal que a mí, a pesar del intenso sofoco, casi se me hielan los huesos.
Echó a andar hacia la figura y ante la intensidad con la que pronunció esas últimas palabras me quedé en mi sitio de gayola de sol, muy quieto, para esperar el desenlace de un acontecimiento del que no entendía absolutamente nada. Casillas hablaba con la figura y conforme pasaban los segundos manoteó un par de veces en el aire. El encuentro fue muy breve. La figura blanca volvió repentinamente hacia la casa grande, y Casillas, sudando a mares, regresó hasta nuestro privilegiado observatorio.
—¿Problemas? —pregunté mientras escupía una brizna de hierba.
—No particularmente. Creo que llegó el momento de contarle la verdad. Solicito de usted la más absoluta secrecía en aras de esta amistad que hemos forjado a lo largo de los días —dijo muy serio, guardando su habitual sonrisa en uno de los bolsillos del chaleco.
Dio entonces un trago largo de agua de una de las tazas de peltre, como preparándose para emitir un discurso. Lo miro como quien ve por primera vez a un rinoceronte, con curiosidad pero con extrema cautela ante el tamaño y la coraza del animal.
—Usted es gente de bien, gente de fiar. A pesar de ser periodista, tiene sensibilidad para saber qué contar y qué no. Tiene discernimiento.
Hizo una pausa y luego me soltó de golpe:
—Pasado mañana llegará a Espinazo el presidente Plutarco Elías Calles.
Si el silencio pudiera escucharse, en esta ocasión hubiera sonado como la [obertura] 1812, con cañonazos y todo. Bullían en mi cabeza uno y mil pensamientos. Atiné, a duras penas, a preguntar:
—¿Van a cerrar el lugar?
—Todo lo contrario, amigo. Viene a buscar remedio para sus males. Tiene cita con el Niño Fidencio.
Casillas miró hacia los lados asegurándose de que estuviéramos solos, a pesar de estar en uno de los lugares más concurridos de la Tierra.
—Y yo vine a la vanguardia para asegurarme de que la visita transcurra en tranquilidad —dijo.
Asentí en silencio. El supuesto pintor de milagros pertenecía a los servicios secretos del gobierno de la República y estaba aquí en una misión. Yo no estaba seguro de querer escuchar la historia completa acerca de su enrolamiento, ni de lo que hasta ahora había descubierto. Era un policía y mi relación con la policía es conocida, pero también es cierto que ya se había vuelto una especie de amigo, lo más cercano a un amigo que yo haya tenido en mi vida.
En aras de ese vínculo con el que los hombres ponemos en manos de otros un trozo del alma y del corazón, me resigné a ser una vez más custodio de secretos incómodos. Así me enteré de que el demonio iba a venir a ver al santo. Menudo encuentro que, si no fuera por lo convulsionado del país y la cantidad de sangre derramada hasta el momento, incluso podría mover a risa o parecer ridículo.
El representante de un Estado laico, furibundo defensor de esa laicidad, enemigo acérrimo del clero, venía a ponerse en las manos de Dios.

SI PARA REFERIRSE al poeta universal César Vallejo, el intelectual peruano comunista José Carlos Mariátegui escribió que “su mensaje está en él”, para aludir aquí al escritor mexicano Benito Taibo y a su primera novela, titulada (ya lo dije) Polvo, hay que sugerir —mínimamente para hacer homenaje a la verdad— que su mensaje está en ambos: en la novela y en su autor-poeta, pues aunque abundan poetas y hacedores de libros dizque de narrativa que alquilan su pluma o que de plano ellos mismos son conservadores o, peor, ultramontanos, la poesía siempre es revolucionaria. Y Polvo, la primera novela del poeta Benito Taibo Mahojo, es sin exageraciones subversiva.

No en balde nuestro Paco Ignacio Taibo II ha declarado que

Una buena novela dura más que un orgasmo, bastante más que una larga película, y tiene la virtud de hacerte ver el mundo con los ojos de otro. Ofrece información en profundidad acerca de un tejido social, explora los paisajes humanos y contiene material estimulante para la imaginación. Es, quizás, el acto cultural más subversivo con que contamos.

CON ESA RABIA que contagia a su público pero que en la medida en que avanza la lectura va traduciéndose en amor genuino por la tierra que nos ha visto nacer y los desposeídos, Benito Taibo como que nos va recordando que las siete cosas que más le han costado a nuestro pueblo son:
la pierna de Antonio López de Santa Anna
el brazo de Álvaro Obregón
la cleptomanía de Miguel Alemán Valdez y de casi la totalidad de los jerarcas priistas
el delirio genocida de Díaz Ordaz, Echeverría y Carlos Salinas
el nepotismo de José López Portillo y la señora Martha Sahagún de Fox
las concesiones televisivas a favor de Azcárraga y Salinas Pliego,
y el cinismo parlanchín de obispos como Sandoval Íñiguez, Rivera y, ¡cómo no!, Onésimo Cepeda Silva —este último de Ecatepec de Morelos, Estado de México.

Leo en la página 102 y después —a manera de digresión momentánea, sólo para apostillar— en la página 99:

La Luz del Pacífico tenía treinta y dos empleados, de los cuales veinte son mujeres. Los conté de a uno por uno a la salida de la fábrica que no era más que un enorme galerón por la zona de la recién creada colonia Juárez [en el municipio de Acapulco, estado de Guerrero]. Una vendedora de tuba me confió las desgracias a que estaba sometida esa insólita tribu que trabajaba de sol a sol por míseros salarios y también me fui enterando poco a poco de las terribles condiciones en las que, sumidos en un calor infernal sumado al que de por sí hay en el trópico, hacían velas, veladoras, cirios y ceras. Sólo tenían permiso de beber agua una vez cada hora y estaba estrictamente prohibido salirse del lugar de trabajo asignado a cada obrero u obrera antes de que hubiese concluido la jornada laboral de por lo menos 12 horas consecutivas de duración.
El patrón era un tal Sáenz, hijo de gallegos… Un par de matones, el Chuy y el Coco, eran los encargados de mantener el orden cada vez que se daba el más mínimo reclamo. Generalmente las cosas se recomponían con un par de garrotazos, pero hacía un par de meses que el primer instigador de la creación del sindicato, Casimiro Bulnes, había desaparecido misteriosamente. Hablé con su esposa y […]

¡Y ya sabemos: nada más que resignación bendita! Ni una pizca de santa rebeldía, ni un reclamo de justicia terrenal. Nada.

LEO EN POLVO: “La resignación es como un mal que azota a nuestra tierra como si de una plaga se tratase”. Tiene que ver —me imagino y en esto le doy la razón a Benito Taibo— con los muchos años de dominio colonial español. Con la insistencia machacona, dominical, repetida en los púlpitos de las iglesias, en loar a la mansedumbre y en poner-la-otra-mejilla a la hora de los agravios:

Ni la gesta independiente ni después una revolución con más de un millón de muertos han logrado quitarnos de encima esa culpa que no nos merecemos. No somos más que ovejas caminando rumbo al matadero, balando estupideces. Y cada vez que aparece una oveja negra, como Casimiro Bulnes, ni siquiera [le permiten llegar] al matadero: una barranca profunda, una playa sucia, cualquiera, sirven para darle fin.

No obstante, Benito Taibo, que ha leído —como yo un poquito— al “viejo topo”, alcanza a ver que cuando una nación entera se avergüenza es león que se agazapa para saltar:

Acapulco [a comienzos de la década de los años veinte del siglo pasado; páginas 30 y 31 de la novela Polvo] estaba en manos de un grupo de oscuros comerciantes españoles que se habían hecho de oro con la complacencia de autoridades civiles, militares y religiosas. Explotadores que obligaban a descargar barcos mercantes de sol a sol por pagas miserables y dueños de todas las tiendas de ultramarinos y avituallamiento del puerto, […] que daban o quitaban crédito a [su pura y egoísta] conveniencia.
Las pocas veces que se levantaba una voz de protesta, no era difícil que a la mañana siguiente el dueño de la misma [voz] apareciera con un tiro en la cabeza por el rumbo de la playa de Caleta con los ojos mordidos por los peces.
[Aquéllos, los que pagaban a los asesinos] eran dueños de todo [en Acapulco] desde que la nao de Manila apareció por primera vez en la bocana. Con una mano repartían cochupos y prebendas y con la otra se santiguaban en la catedral todos los domingos sin falta.

Nos cuenta el autor (pp. 103-104) que, sin embargo, el día en que Juan Ranulfo Escudero estaba recibiendo el informe acerca de la condición infrahumana a la cual habían sido reducidos los obreros y obreras de La Luz del Pacífico

[primero se mantuvo escuchando] en el más absoluto de los silencios, dejando caer las cenizas de un purito en el cenicero que adornaba la mesa del presidente municipal del puerto de Acapulco.
A veces asentía con la cabeza y hacía un pequeño ruido con la garganta, como si de un gruñido se tratara, como si en su pecho viviera un enorme animal que estuviera a punto de despertar y pudiera saltar, rompiendo su camisa de algodón, para comerse de dos tarascazos a todos los dueños de todas las fábricas del mundo, para venir así a poner un poco de justicia en este páramo […]
—Vete con Valentín, Pérez Campa y dos o tres más, por instrucciones mías, a formalizar el sindicato. Planten una mesa en la puerta de la fábrica, pongan papeletas y una urna, que los trabajadores voten en secreto. Levanten un acta y den posesión al nuevo comité. Si el patrón o sus esbirros intentan algo, vuelvan aquí y llévense a dos o tres policías. Si las cosas se salen de madre, lleven también a un notario para que dé fe de los hechos. Vayan armados. ¿[Tienes] preguntas? —dijo Escudero.
—Sí, una. ¿De dónde saco la urna? —interrogué yo, preocupado [pues todavía me reconocía a mí mismo como un novato, un sindicalista decidido pero inexperto].

Fíjense ahora: Quien formuló esta pregunta acerca de la urna y el lugar donde obtenerla fue ni más ni menos el muchacho que más adelante, en la novela, descubriremos convertido en el reporter que escribirá un artículo (o varios) sobre el “santo niño” Fidencio, sus milagros reales o ficticios, etcétera. Pues bien, a este sindicalista aún jovencito le habría respondido Escudero, en Acapulco, lo que enseguida les voy a leer:

—[Tómala] de donde sea. Una caja, una sopera, un sombrero sirve como urna. No te preocupes. Lo que importa es el fondo, no las formas.

“Me di la media vuelta”, nos relata el muchacho, para salir de la oficina de Escudero. “Y logré escuchar a mis espaldas un ‘¡Cuídense!’ que salía de la boca de un hombre que se estaba dando cuenta de que hablaba con uno de sus hijos.”

Lo que viene a partir de este episodio es de pronósticos de veras reservados. No es meta de esta plática narrarles la novela entera, sino invitarlos con cordialidad a que la compren. Nada más les digo y pueden creerme que su lectura me resultó deslumbrante. Se trata de una novela, además, espeluznante y conmovedora, sobre todo porque está basada en hechos reales.

Es una novela histórica que de algún modo anuncia lo que puede volver a ocurrir.

A mí me llegaron al alma los trazos que Benito Taibo ha hecho para mostrarnos cómo eran los amos del Acapulco de entonces, antecesores —por cierto— de los señores de hoy, de horca y cuchillo, quienes pretenden, pero para todo el país, la restauración del antiguo régimen priista con su ingente esquema de dominación basado en la corrupción, ¡más corrupción!, y en el derramamiento de sangre, ¡mucha más sangre para mantener contentos a los gringos!

Sin embargo, lo que más me impactó, se los confieso, fue Juan R. Escudero, su estatura moral. Su determinante rol en la historia de este país, aunque prácticamente a este héroe enorme ahora sólo lo recuerden la gente ilustrada y, desde luego, los círculos de los sindicalistas aún limpios y las familias de los nuevamente empobrecidos trabajadores del Acapulco actual: les han birlado hasta el Tianguis Turístico. ¡Qué poca imaginación la de la tecnoburocracia federal en turno, y qué descomunal su avaricia… sus ganas de joder!

De este gran personaje, Juan Ranulfo Escudero —presidente municipal, como mencioné antes, del primer Ayuntamiento socialista instalado en México, nada menos que por voto universal, directo y secreto del pueblo—, nos da cuenta Benito en su novela, a través de su personaje preferido: el joven guerrerense que al crecer se hizo reportero (pp. 28 a 30 de esta novela):

Desde el verano de 1916 y gracias a la recomendación de mi padrino Domingo, fui admitido formalmente en la Liga de Trabajadores a Bordo de los Barcos y Tierra, el sindicato fundado por Juan Ranulfo Escudero, ese alto acapulqueño de bigote engominado y mirada quebradiza que había logrado, junto con un puñado de trabajadores, entre ellos mi padre, conseguir jornadas de ocho horas de trabajo, el descanso dominical, pago a la semana y protección contra accidentes.
Escudero tenía hormigas en los pantalones. Los gachupines, dueños de casi todas las tiendas comerciales del puerto, lo odiaban a muerte y lo miraban con una mezcla de temor y desprecio mientras arengaba a estibadores, pescadores y prostitutas en busca de mejores condiciones de vida. Escudero era para ellos el bolshiviqui, y —del mismo modo que se concebía a los rusos con ideas raras acerca de los pobres y ricos— [Escudero] era [visto por los dueños de todo] como un personaje satánico que pretendía hacer una revolución roja en un país donde acababa de terminar apenas una.
Los comerciantes hispanos usaron todas sus malas influencias y convencieron al jefe militar de la zona, Silvestre Mariscal, de que expulsara a Escudero de Acapulco [dizque] por revoltoso. Casi tres años después de ese exilio involuntario que le sirvió para aprender muchas cosas, regresaría aquél con más bríos y con una gran idea en la cabeza.
Fue en los primeros días de enero de 1919. Algunos dicen que era Eddy Polo el que estaba en pantalla [del cinematógrafo]; yo sé a ciencia cierta que era Tom Mix. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Tuve la oportunidad, esa tarde, de besar seis veces a María, la hija de don Fausto, jefe de los bomberos.
En cuanto terminó la película y empezaron a encenderse las luces en el “Salón Rojo”, la voz gruesa y potente de Escudero se escuchó desde una de las plateas, como si de un trueno se tratara:
—¡Acapulco no es de los gachupines explotadores! Acapulco es de todos: los estibadores, los empleados, los pescadores, los prácticos del muelle, las mujeres de la vida galante…
Sostenía en la mano izquierda su sombrero, muy pegado a la pierna; era un bombín negro que le quedaba pequeño. La [mano] derecha daba golpes en el aire, como si con ella quisiera meter en la cabeza de los allí reunidos toda la rabia contenida por años.
El cine lleno, estupefacto, lo miraba mientras subía cada vez más el tono de su voz. Y Escudero desgranaba agravios como quien desgrana una mazorca.
Los dueños del cine, españoles ambos, Maximino y Luciano San Millán, se sintieron aludidos y rápidamente mandaron traer a los policías de la garita que estaba tan sólo a unos pasos.
—Convoco a todos los aquí reunidos, a todos los habitantes justos y nobles de Acapulco, a fundar un partido político de los trabajadores y para los trabajadores —decía Escudero a gritos entre una salva de aplausos que estalló con espontaneidad.

“Lo demás es historia”, nos dice Taibo. Veinte uniformados irrumpieron en el interior del cine con la intención de llevarse al “agitador”, pero se los impidieron los hombres, las mujeres, todos los niños, los jóvenes, las muchachas, los adultos y los ancianos que formaban el público del cinematógrafo.

Juan Ranulfo Escudero era como el león aquel imaginado por el apenas niño, quien lo situaba dentro del pecho de ese mismo edil. Hoy ese león es la nación mexicana que, avergonzada en medio del oprobio, dice “basta” a la oligarquía, dice “no más” a la mafia y se está agazapando para saltar.

Actuemos con responsabilidad para que todo llegue a resolverse bien y sin violencia.

Twitter:  @EduardoSuarez_  • http://www.periodistasenlinea.org

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